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sábado, 5 de noviembre de 2016

Mundomatraca

Publicado por Luis Marín



La muerte se coloca para presidir la fiesta de muertos, mientras las calacas se arrodillan a rezar. Poco a poco sus ruidos casi guturales se van transformando en un grito de alegría y fiesta.

En este mundomatraca /de morir nadie se escapa:
Muere el buey, / muere la vaca.
Y hasta la mujer más guapa / tiene que estirar la pata!!

 —Jugando con la Muerte (Fragmento del espectáculo de H. Ortega)

No lo recuerdo con exactitud, fue quizá hace siete u ocho años, cuando estudiaba el bachillerato y había entrado al grupo de teatro, que me encontré por primera vez con esta frase: “En este mundo matraca…”. Era parte del libreto de una obra de teatro que montamos para el Día de Muertos, que se llamaba “Jugando con la Muerte (Fragmento del espectáculo de H. Ortega)”. La obra consistía, a grandes rasgos, en una serie de refranes, dichos populares y canciones mexicanas en torno al Día de Muertos (pero era una frase, no una palabra). Por esos mismos años conocí el disco de Leticia Servín, “Mundomatraca”, y la frase pasó a ser un neologismo, y de inmediato esa canción se convirtió en una de mis favoritas.

Mundomatraca fue el nombre del primer Blog que tuve en aquellos años del bachillerato. Fue producto de una invitación: en el laboratorio del colegio de bachilleres donde estudié solían pedir (no sé si todavía) conejos para dormirlos y abrir sus cuerpos, para conocer sus órganos, en la materia de anatomía. Recuerdo haberme opuesto a tal barbarie, y cuando lo comenté con un profesor, que era y todavía sigue siendo amigo mío, me aconsejó entrar al Blog de Nana (Adriana Nahum), pues por ese medio estaba lanzando una campaña para acabar con esa práctica. La iniciativa consistía en recaudar firmas para exigir a la dirección del plantel que detuviera esa actividad. Me sumé a la propuesta, y de paso abrí mi propio Blog, que después se convirtió en una plataforma donde publiqué mis primeros textos literarios. Escuetos e inexpertos, pero los primeros al fin.



El Blog se convirtió en una red social que, sin embargo, aún conserva características que las actuales redes sociales no tienen. Quizá la más significativa de todas ellas tenga que ver con el tiempo: mientras que Facebook y Twitter se distinguen por la inmediatez, tener un Blog requiere dedicación, porque escribir requiere dedicación. Aún para decir las cosas más banales, escuetas, o insospechadas, o bien las más sesudas o meditativas, es necesario sentarse, tomarse el tiempo entre las manos, acomodar las palabras y sus sentidos, pensar, repensar, editar, corregir, a veces arrepentirse de lo que uno escribe o piensa, y publicar, a sabiendas de que nadie o muy pocos lectores alcanzarán a leerte; y quizá esa sea su segunda característica más importante: que, de fondo, el Blog es un espacio, aunque cibernético, para uno. Mientras que lo que se publica en Twitter o Facebook va dirigido primordialmente a los demás, al exterior, y con toda la intencionalidad, mucho de lo que se juega en el Blog tiene que ver con la singularidad de quien escribe, y que casi siempre, por más que propositivamente escribamos para otros, lo que el Blog reivindica es la actividad creativa para uno mismo. Porque aquí no es necesaria la pulcritud ni la perfección, no es un portafolio ni una carpeta de trabajo, no hay estándares ni calificaciones, tampoco consiste en un exhibicionismo voluntario, o una galería. El Blog es, ante todo, un ámbito de libertad, creación y goce en sí mismo. Lo es para mí. Un espacio libre y hedonista, para crear y compartir, y en última instancia, y sólo a veces, para conocernos mejor, a nosotros mismos y a los otros.

T. S. Elliot escribió una vez: «Y el final de todas nuestras exploraciones será llegar al lugar donde comenzamos y conocerlo por primera vez.» Diría que nada más y nada menos que eso es el Mundomatraca. Como ámbito creativo, primordialmente ensayístico, es introspectivo, es curioso. Es una exploración. Tiene olor a copal, y a cempasúchitl, y los colores del Miquixtli, pues sospecho que fue en un Día de Muertos, hace algunos años, cuando todo este pretexto que hoy se llama Mundomatraca tuvo su origen: en una fiesta en que aquello que debiera ser tristeza se vuelve motivo de alegría. «¡Muerte también eres bella, / Y en vez de llorar me río…! / ¡Vamos a echarnos con ella / Un jarabe tapatío!»

Aunque parezca extraño, tengo la convicción… —más que convicción es una sensación—, de que la mitad de lo que pasa en mi vida es serendipia pura, el destino actuando a su antojo, poniéndome y quitándome de aquí o de allá, encontrándome o desencontrándome con tal o cual persona, y la otra mitad es saudade, ese sentimiento de añoranza de aquello que se tuvo pero que ya no está más, y que difícilmente sabemos qué fue. En mi Mundomatraca, lo que hay se compone de estos dos elementos: acontecimientos fortuitos y su inmediata añoranza cuando éstos acaban. Como si viviera la mitad del tiempo descubriendo cosas, y la otra mitad extrañándolas.

«Me apasiona el hoy, pero siempre desde el ayer (¿me hapasiona, dije?), y es así que a mi edad el pasado se vuelve presente y el presente es un extraño y confuso futuro donde chicos con tricotas y muchachas de pelo suelto beben sus cafés crème y se acarician con una lenta gracia de plantas o de gatos.»

Puede parecer algo profundamente melancólico, pero lo cierto es que, lo mismo que en el Miquixtli, el Mundomatraca es un motivo de alegría allí donde debiera haber pena, es un pretexto que me hace caminar (hacia adentro, casi siempre), pues mientras otros vislumbran la utopía allá en el horizonte, lo que intento yo es volver a donde fui feliz, y con un poco de buena suerte, hacer como Paul Goodman sugiere, también: “Supongamos que la revolución de la que hemos estado soñando y hablando haya ocurrido ya. Supongamos que nuestro lado ganó y que tenemos el tipo de sociedad que deseábamos. ¿Cómo viviría cada uno de nosotros, personalmente, en esa sociedad? ¡Empecemos a vivir así ahora! Y cuando nos topemos con obstáculos, cosas o personas que no nos permitan vivir de esa manera, entonces busquemos formas de pasar por encima o por debajo de esos obstáculos, o de hacerlos a un lado, y así nuestra política será concreta y práctica.” Y no sólo nuestra política, sino nuestra vida. El Mundomatraca es ese esfuerzo por reivindicar y transformar, y constituir. Es también una voluntad.

A este punto ya he definido de muchas formas distintas el Mundomatraca: es una sensación, es saudade, es serendipia, es voluntad, es esfuerzo, es recuerdo, es un ámbito de creación, es una canción, es un dicho popular, es una esperanza, y quizá valga agregar una más: “Como define Bachelard, hay lugares que son un tiempo”. El Mundomatraca es también un lugar. Lo han sido, particularmente, aquellos que fueron un ámbito de comunidad, y de los cuales ya hablaré, llegado su momento: La Carpa, La Maga, el bachillerato, los talleres literarios, la Escuelita Zapatista.

Mis ganas, casi involuntarias y automáticas, de recordar, de volver siempre a donde amé la vida, son de cierta forma un remedio, como ha dicho Iván Illich: “…al carajo con el futuro. Es un ídolo que come carne humana. Las instituciones tienen futuro. La ciencia tiene futuro. Los gobiernos quizás tengan planes para el futuro. Pero las personas no tienen futuro; las personas únicamente tienen esperanza. Por eso estudio el pasado. Estudio la historia. […], no porque quisiera regresar, ni porque quisiera aprender del pasado o preservar (como hacen unos museólogos) algunos valores de aquél país extranjero que es el pasado. Yo estudio el pasado porque es un remedio.” ¿Pero para qué volver, si allá adelante también nos esperan nuevas e insospechadas sensaciones y vivencias aún inéditas? Simple y sencillamente porque, tal como escribió T. S. Elliot, yo, al igual que él, pienso que el final de todas nuestras exploraciones será llegar al lugar donde comenzamos y conocerlo por primera vez. A eso apunta este Blog. A eso le apuesto.

Lo que aquí leerán no será sólo melancolía, sino aproximaciones a muchas de las cosas que me hacen ser quien soy: el psicoanálisis, la literatura, el zapatismo, el baile, la música, el ciclismo, los amores y desamores, las comunidades, y aquellas apuestas que hago y seguiré haciendo por hacer de éste un mundo mejor, casi siempre en colectivo, pero éste… es un ejercicio individual y singular. El Mundomatraca es una extensión de mí mismo, de mi forma de ver, ser, sentir, y estar en el mundo. Son mis sentimientos y mis pensamientos puestos en acto, en el acto de la creación artística, literaria, gozosa. Procuraré que sea también una herramienta y un espacio convivencial. Como he dicho: paso la mitad de mi vida añorando, pero la otra mitad descubriendo.


“Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos…”

1 comentario:

  1. Espero que sí lo continues. A mí me encanta leerte. ¡Abrazos!

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